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AMU, SE FUE COMO LOS GRANDES
Por: Javier Hernández Córdova
En silencio, sin rezador, sin lloriqueos, sin discursos, sin música…el féretro, entro al camposanto, los que lo cargaban no lo descansaron a un lado de la tumba, fueron directo al destino final… ¿10 ,15 minutos?, tal vez menos. Las lozas de cemento fueron colocadas con rapidez y precisión, antes se colocó una cruz de flores y un arreglo, también de flores blancas…después los panteoneros echaron la tierra encima, colocaron las coronas y flores sobre la tumba, y en menos de cinco minutos familiares, dolientes y asistentes se retiraron…ahí quedaron depositados para siempre los restos del que fuera uno de los maestros y político más queridos y apreciado por los oaxaqueños, el licenciado Don Agustín Márquez Uribe.
Momentos antes la carroza fúnebre había llegado procedente del velatorio, no vena despacio y atrás era seguida por varios vehículos, en la entrada del cementerio ya esperaba muy poca gente, cuando mucho diez, Juan Martínez Ferrer, quien fuera su hombre de confianza en el ambiente político, Juan Cruz Acevedo, Amaro el fotógrafo. Se sabía donde se había velado el cuerpo y la hora de los funerales, pero no la hora ni el lugar del sepelio, tampoco se informó si se realizaría algún novenario y el lugar´.
Nadie lloró, salvo una jovencita estuvo todo el tiempo que duro el sepelio con los ojos cerrados y se veía que en silencio musitaba una oración y hacia esfuerzos para no llorar.
Salvo Juanito Martínez Ferrer y Juan Cruz Acevedo nadie mas de la función pública o de la política de tiempos de Márquez Uribe llegó al panteón…no había políticos del antiguo y viejo cuño, no había grupos estudiantiles, no llegó la gente antigua de los mercados, por que tal vez el hijo del antiguo zapatero de la Avenida Hidalgo así pidió que fuera su último adiós o porque tal vez su filosofía y conocimiento de lo que es la política y la miseria humana le dictaba que así debería de ser su despedida.
Así se fue para siempre el oaxaqueño puro, el nito de corazón, el exrector de la UABJO, el expresidente del PRI estatal, el expresidente municipal de la ciudad de Oaxaca, el charro que recorría los domingos las calles de la ciudad de Oaxaca y sus alrededores montado en su caballo y con su sombrero charro.
Me encantaría relatar algunas de las muchas anécdotas vividas con el político y funcionario que bajo ninguna circunstancia trastocaba su horario de los alimentos, o que no permitía que ningún líder o dirigente por fuerte o beligerante que fuera se les subiera a las barbas.
De ahí que no es de extrañarse que el haya dejado las instrucciones precisas de como quería que fuera su sepelio…todo fue tan rápido en el camposanto, que por ahí en alguna pared se quedaron recargadas todavía dos coronas florales ya no fueron colocadas sobre la tumba.
Si don Agus lo pidió así, lo respeto y solo me queda repetir lo que él decía: “hojas petra” por ahí nos encontraremos.
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