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Sexteto de crónicas.
Abelardo Gómez Sánchez.
Sexteto de Crónicas reúne textos cosechados (otros siguen germinando) en el Curso-Taller “Invitación a la Crónica” que impartí durante el mes de marzo, con la ya referencial hospitalidad de su director Freddy Aguilar —personaje clave en la historia de la bibliomanía oaxaqueña— y su empático equipo, en la “Biblioteca Andrés Henestrosa”.
Lo sé de sobra (mi primer taller de Crónica lo di en 1989, en Tepito, con el apoyo de Literatura del inba y Difusión Cultural de la unam): cada taller, periodístico o literario, está signado por la singularidad de su asistencia: el azar es uno de sus más sabrosos condimentos, y caras vemos, relatos no sabemos. En efecto, la crónica abreva en eso que llamamos realidad, y en la medida en que le sea fiel, se legitima. Pero, la realidad es un continuum amorfo e indiferenciado, requiere de un corte clarificador (tajo fino de bisturí para “operar” el acontecimiento de interés): recorte que es selección (en la masa ingente de acontecimientos) que es construcción del espacio periodístico para ser revitalizado con la fuerza del relato que es singularidad en el registro. Cada recorte muestra la sensorialidad, la inteligencia, y la sensibilidad de cada cronista, y recortes hacemos crónicas habemus.
El sexteto, sus cortes y sus registros:predominan los trabajos y los días de la metrópoli oaxaqueña. En “Entropía. Una noche entre el orden y el caos”, Adriana Chávez Servín nos narra esa señal rotunda de lo entrópico que es el insomnio, el viaje noctámbulo y emocionalmente tempestuoso —en aras de la solidaridad de una joven maestra de primaria con una de sus pupilas— que se convierte en autoanálisis, autodescubrimiento y, así, en ganancia de autogestión emocional. “Lo que el virus se llevó”, crónica de Itzel Michelle López Suárez, hace el recuento de días aciagos de la peste globalizada del 2020, desde la mirada aguda de una muy núbil madre de familia en la ciudad de Oaxaca. La imposición mórbida de “un mundo entre cuatro paredes”. radicaliza la experiencia de la maternidad primeriza enfrentada a la atrofia de la cotidianidad de la muy temprana primera infancia de su niño de preescolar.
“En todo lo que pasa en un día (desde la mirada de una estudiante de gastronomía)” Gloria Sandoval Serra narra —reloj en mano—, las horas faustas o infaustas; las peripecias y los sinsabores (palabra de resonancias trágicas tratándose de gastronomía) de un día de examen final, de su lucha por acreditar, y tangencialmente de los recursos de una lúcida y tenaz estudiante para lograrlo contra todo pronóstico. “Nuevo mundo contemporáneo” (descubriendo sentimientos)” de Iris López se centra en la migración interna oaxaqueña y su dimensión vivencial, y nos muestra el “nuevo mundo” al que una niña se enfrenta en su tránsito de su comunidad a la ciudad de Oaxaca, y lo hace desde la reconstrucción que tejen la añoranza, la sensación de destierro (“no es posible meter una casa en una maleta y armarla en cualquier sitio”) en suma, desde esa otra migración interna que es el áspero proceso de adaptación al nuevo entorno, la áspera vivencia de la diferencia, y la espiral sentimental que le conlleva.
En “Crónica de Santa María La Chichina”, otro joven estudiante, Jonathan Daniel Flores Méndez, nos desprende de la metrópoli, y nos remite al acto fundacional de una comunidad de la Sierra Norte: narra con atingencia y pulcritud, la migración que precedió a la fundación y el fuerte simbolismo que conlleva ese hecho histórico. Como ya se ve, hasta aquí, estamos ante novísimos cronistas germinales que, a mí me queda claro, tienen mucho que contar.
Cierra este Sexteto “Una muerte anunciada” de Javier Hernández Córdova, veterano periodista (nomás cinco décadas en este oficio de tinieblas e iluminaciones), con el relato de su amistad con un personaje central (y controvertido) de la vida y “la grilla” universitaria del último tercio del siglo pasado, y cuyo trágico final conmocionó a la ciudad de Oaxaca y particularmente a la comunidad universitaria. Celebro este encuentro —entre la vieja guardia (aquí me super incluyo) y la nueva generación, en un esfuerzo unitario. Por lo demás como solía decir Carlos Monsiváis, y aquí lo hacemos divisa: “Hay actitudes no generaciones”.
Javier es parte proactiva del Taller, y agradezco la respetuosa anfitrionía en su portal Oaxaca-8 Una ventana al mundo para esta publicación. No me resta más que hacerles una alegre invitación a Sexteto de Crónicas que, a partir de mañana, aparecerá en seis entregas: una diaria, acompáñenos hasta el final, es para ustedes.
Agosto 2025.
Sin duda alguna Abelardo Gómez Sánchez se pone una medalla más con este fruto de su intenso trabajo en el mundo de la crónica. Magnífico escritor amante de las letras, mis respetos.